jueves 1 de marzo de 2012

¿Alguien me está preguntando?

La discusión en la Asamblea Legislativa era sobre los techos de los intereses de las tarjetas de crédito.  Unos pedían no intervenir, otro pensaban que era mejor regular.   Los intereses de las tarjetas de crédito matan poco a poco la economía de El Salvador, mientras que por otro lado son solo un “pequeño” costo por la oportunidad de incentivar el consumo y cubrir emergencias.

Mientras la discusión seguía surgió la campaña publicitaria de los bancos haciendo énfasis sobre lo bueno que es tener tarjetas de crédito, lo bueno y lo necesario e indispensable, en fin simplemente lo vital del asunto.  Los días se fueron en esta poco estéril pero ambigua presentación de argumentos entre la Asamblea, los bancos y la sociedad civil.

Entonces me hice esta pregunta: ¿Necesitamos tarjetas de crédito?; y me contesté así: Si.  Pero no son indispensables. 

Cuando se compra con tarjetas de crédito el costo de ese préstamos (si, porque es un préstamo nada distinto al resto) no se ve reflejado hasta el final de mes y se diluye en los meses siguientes.  Así aunque se abone una cantidad “significativa” los intereses continúan y van acumulándose.  A menos que se pague el saldo de contado, las tarjetas de crédito mal utilizadas son un lazo al cuello.

Es cierto, las emergencias no avisan y obviamente a veces es necesario comprar medicinas, pagar repuestos del carro, etc., sin embargo, no son las tarjetas de crédito el único medio para solventar las emergencias; de hecho son el medio más caro para el tarjetahabiente.  Existe algo que se llama ahorro (¿le suena el concepto?), y que no es más que el guardo del ingreso para las emergencias, inversiones o gastos futuros.

El ahorro es una cultura.  La educación financiera debería ser tan importante como lo es la educación sexual o la educación en informática.  El ahorro conlleva a un buen uso de los recursos para cubrir las necesidades (principio económico), y permite también la reducción de salidas de dinero a comparación de lo que se paga con las tarjetas de crédito.

Entiendo que las tarjetas de crédito son un medio rápido para salir de los apuros, si es cierto.  Pero el costo es altísimo.  Administrar el dinero, ver a largo plazo y generar la confianza en Dios para pensar que no se vivirán emergencias es una buena forma de empezar…

Cultura de ahorro, a mi parecer esa es la resolución a la discusión poco estéril pero ambigua… lástima que no me estén preguntando.

viernes 17 de febrero de 2012

Contemos cuentos pues....

Había una vez hace mucho tiempo un lugar verde y próspero, donde el aire se respiraba sin dificultad y apenas unos cuantos problemas hacían que la población se reuniera para darles solución.

Los altos jefes de la comunidad disponían de un respeto y sabiduría ganada con la experiencia, el servicio a su comunidad, el estudio y la alineación de sus acciones a lo que su pueblo esperaba de ellos, tenían ciertamente un conocimiento de la Palabra de Dios que motivaba a sus conciudadanos a escucharles y tomar su consejo.

La comunidad era trabajadora, bailarina, verdaderamente una comunidad solidaria, no había evento más importante que los encuentros futbolísticos en los que al son de dos colores todos se sentían orgullosos de su país.  Si bien es cierto, algunos ciudadanos habían salido del país para buscar oportunidades… mirar el sol desde otro lado, el sentimiento de ser miembro de la comunidad no se perdía por mucho que otra nacionalidad, idioma o costumbres fueran adoptadas.

Cada cierto tiempo los altos jefes de la comunidad ponían a disposición de los ciudadanos una serie de propuestas para encaminar el rumbo del país hacia los retos de la nueva realidad económica, social y cultura a la que se enfrentaban.  De una manera madura, los altos jefes bajaban su guardia y se sentaban juntos y sin el ánimo de criticarse y destruirse mutuamente, reconocían la responsabilidad que tenían de ser los hacedores de los lineamientos que dirigían el rumbo país. 

Cada alto jefe tenía una percepción distinta de la realidad.  Para unos, la educación era prioritaria, para otros lo era el beneficio personal y el enriquecimiento ilícito; otros, creían que la seguridad debía priorizarse.  Había otros que pensaban que expropiar a todos los residentes en la comunidad y tener un sistema de producción en el que nadie fuera dueño de nada, era lo más propicio.  Claro está, estaban también los que pensaban que el mercado debía ser independiente y la ley de la oferta y la demanda deberían determinar las decisiones en el contexto social y económico. 

En este manjar de opiniones, creencias y convencimientos, prevalecía la madurez y el amor a la comunidad.  Siendo estas últimas dos características las que hacían que los altos jefes fueran respetados y eran las bases para la visión a largo plazo que toda la comunidad compartía. 

Las diferencias entre los altos jefes era solo parte de la naturaleza humana, sabían que la crítica destructiva iba en menosprecio de la comunidad y de ellos mismos, pues perdían el respeto que la comunidad misma había puesto en ellos.   Es por eso, que cuando les tocaba presentar sus propuestas lo hacían de una manera profesional y con el único objetivo de ser útiles para la comunidad. 

Había unos altos jefes que ya tenían muchos años en su posición y se habían enriquecido a costa de la riqueza de la comunidad, habían defraudado con sus acciones y no parecía que se avergonzaran de estar borrachos en plena sesión de altos jefes, ni usar inapropiadamente los bienes de la comunidad.  Pero un día, estos altos jefes hicieron examen de conciencia, y decidieron renunciar a su posición para enmendar su actuación y por supuesto, dar oportunidad a otros que más jóvenes mostraban ya, su potencial como buenos servidores de la comunidad. 

Mientras tanto, los miembros de la comunidad tenían un poder especial.  Algo que los hacía únicos.  Eran pensantes. Eran videntes.

Al ser pensantes, eran críticos, no se dejan manipular por falsas propuestas de algunos altos jefes. Al ser videntes, veían la realidad y no se dejaban cegar por regalos o promesas. 
Los miembros de la comunidad amaban solo a una bandera, la de su comunidad.  No amaban banderas de colores combinados o no, ni otras banderas que representaban ideas retrógradas y fuera de contexto.  Amaban su comunidad, por eso al alto jefe que hacía un uso impropio de los bienes de la comunidad o que atacaba –tal como niño berrinchudo- a otro alto jefe, lo menospreciaban. 

Tampoco se creían en las mentiras o en los ataques hipócritas de aquellos que teniendo la oportunidad de hacer las cosas bien no las hicieron, y querían justificarse, sin ser humildes.  Olvidaban que ya los conocían.  Tampoco creían en aquellos que se autoproclamaban como la única salvación de la comunidad criticando y despreciando lo que otros habían hecho ya, y lo habían hecho bien.   Los miembros de la comunidad creían en aquellos que fuera del color de su camiseta, eran personas honorables y con un intachable y confirmado amor por la comunidad. 

Así transcurrían los años en esa comunidad.  Un bello lugar donde las calles tenían nombres raros y al silbido peculiar todos se identificaban como nativos de ese lugar.  

Erase una vez  que me inventé este cuente. ¡Qué lástima!

miércoles 8 de febrero de 2012

La pata más larga...

Hace un par de días me animé a escribirle al Alcalde de San Miguel, Will Salgado, una breves pero sentidas palabras que no podía retener en mi mente.  Le dije algo así vía twitter: "siga adelante!... pero por favor cambiese de GANA, ese partido no le combina!".  Para mi sorpresa, me respondió de inmediato.. y me dijo algo de lo que ahora quiero reflexionar.

Veamos, existen ciertos alcaldes en el país que se han ganado a pulso el quedarse en la silla edilicia por varios períodos, alcaldes que se han hecho nombre por si solos; algunos de ellos han estado fieles a su partido político y lo defienden -como todos buen políticos- como la única salida viable, buena y efectiva que tiene el país para ser el país que todos soñamos.   Sin embargo, hay otros alcaldes que de una manera muy pintoresca no importa el color de su camiseta o el himno del partido al que se afilien, siguen ganando.

Este es el caso del Alcalde Salgado.  Debo dejar claro que yo no vivo en San Miguel, y no es sobre la gestión del Alcalde que quiero hacer mención en este blog, lo que quiero escribir es sobre el razonamiento que me vino a la mente con las palabras de respuesta del Alcalde ante mi mensaje en twitter.

Parafraseando al Alcalde, me dijo: "mientras me apoyen como Alcalde.. yo los apoyo a ellos".  ¿Qué es lo que más le importa a un Alcalde? ¿Ser Alcalde o ser miembro de un partido político? ¿Cuál es la motivación de un servidor público?

En los últimos veces hemos visto a varios servidores públicos renunciar -o ser renunciados, como quiera verlo- a sus funciones al servicio del pueblo para apoyar las actividades de militancia en sus partidos políticos, por amor a la camiseta, por "lealtad".  ¿Qué pasaría si todos esos servidores públicos le tuvieran lealtad mejor a su país que a su partido político?  De seguro tendríamos gente comprometido por lo que fue elegida: servir. De seguro tendríamos muchos Will Salgado, que tienen fotos con las camisetas de casi todos los partidos políticos que existen (existieron) del país, pero que por alguna razón (que supongo la gente que vive en San Miguel sabe mejor que yo), sigue siendo Alcalde.

Mientras que GANA no salga con una pata más larga que otra... estoy segura que seguiremos viendo al Alcalde Salgado vestir de naranja, después de todo, lo importante es que le apoyen en lo que a él le interesa: ser Alcalde.

martes 10 de enero de 2012

¿Cuán grande es nuestra sonrisa?

La última vez que fui al dentista recibí la noticia que era inevitable y sano un cambio de pasta dental.  Pase de la rojita con líneas azules y blancas, a la que es totalmente blanca. El cambio me trajo expectativas, de repente cambiar pasta dental puede darme un nuevo sabor durante el día, quiza blanquea mis dientes y si tengo suerte ataca la caries que temo me está haciendo daño.

Así como un cambio de pasta dental o el uso de hilo dental u otros inventos para blanquear la sonrisa puede ser suficiente para tener una bella sonrisa, así también en El Salvador debemos entender que para seguir siendo el "país de la eterna sonrisa" debimos hacer cambios radicales, como un cambio total de gobierno.

A los dos años del nuevo gobierno es bastante injusto pedir cambios tan radicales como los que no tuvimos en los veinte años anteriores.  Si mis amigos, no se enojen pero es cierto. 

Es cierto, las estadísticas indican que somos el país que menos crece en la región, somo el más violento a nivel mundial según indican las noticias y tenemos un alto grado de migración por la "falta" de oportunidades laborales y de desarrollo.  ¿Fregados, no? Pero como no es la primera vez que levantamos la cabeza ante situaciones frustrantes, ¿qué le parece si engrandecemos la sonrisa del país?

Primero: crea en su país.  Este pedacito de tierra que nos tocó como hogar, es chiquito solo geográficamente, depende de usted y de mi lo grande que lo podemos hacer.  Imaginese poner a nuestro país en el tintero de los premios Nobel, o en el escenario artístico más grandes del mundo, o como el cuarto lugar en el Mundial de Fútbol Play (ups! esto ya lo hicimos, ¿no que no?).  Crea en su país, ame su país.  Crie a sus hijos inculcando el amor a su país; es cierto, Estados Unidos es hermoso, yo misma estuve por allá algún tiempo, y las cosas son mejores por allá, pero ¿acaso no es más bonito ir a EEUU de visita? ¿acaso no es más bonito respirar nuestro aire? yo sé que sí, y sino lo es, mire la felicidad en los ojos de los hermanos lejanos que con gran esfuerzo regresan a su país y a la primera bocanada de aire en el aeropuerto lloran de alegria.

Segundo: trabaje.  No estoy diciendo que se haga diputado "para trabajar por su país".  Trabaje para usted, para su familia, para sus hijos.  Edúquese para trabajar mejor.  Crea en el trabajo como mecanismo para lograr el progreso suyo.  Vuélvase su propio jefe, pague sus impuestos, ahorre para el futuro e invierta en el país, y para esto último ore mi querido lector para que su negocio esté bendecido.  Todos queremos irnos al norte (donde las oportunidades son de oro, dicen, ja!), pero amigo mio, si le toco vivir aquí, aprovechelo, no reniegue y prospere porque todo depende usted y solo de usted.

Tercero: sonria.  Si lo asaltaron y no lo hieron, sonria.  Si lo hirieron sonria en la recuperación.  Si lo despidieron, sonria porque Dios le quito lo que tenía para darle algo mejor (necesitaba tener las manos vacias).  Y si está en el desierto desolado con una familia que mantener, sin trabajo, y con el mundo encima, no dude y arrodíllese y ore ... porque ningun Diputado, partido político o presidente puede ayudarle más que el Todopoderoso, y salga a la calle toque puertas y tenga fé porque de su buena vibra depende la sonrisa del país.

No es un exceso de optimismo, es solo que ya me harté de ver a mi país siempre en las peores noticias, y de oir quejas por todos lados.  Mientras tenga vida querido lector, mientras pueda esbozar una sonrisa... su país, depende de usted.

lunes 2 de enero de 2012

Asocio para el Crecimiento ES y EEUU

El año pasado se firmó el Asocio para el Crecimiento con Estados Unidos.  El documento resume algunas metas que entre ambos gobiernos se consideraron como las propicias para exactamente eso: crecer.

Crecer no solo económicamente, sino también canalizar los apoyos que fueran necesarios para lograr avances en el área social que permitan a la sociedad aprovechar de las ventajas de los beneficios del crecimiento económico.

Véase el documento preliminar aquí.  Lo leeremos juntos.  Luego podremos comentar:

Análisis de restricciones para el Pacto para el Crecimiento

Pacto para el Crecimiento ES y EEUU