La discusión en la Asamblea Legislativa era sobre los techos de los intereses de las tarjetas de crédito. Unos pedían no intervenir, otro pensaban que era mejor regular. Los intereses de las tarjetas de crédito matan poco a poco la economía de El Salvador, mientras que por otro lado son solo un “pequeño” costo por la oportunidad de incentivar el consumo y cubrir emergencias.
Mientras la discusión seguía surgió la campaña publicitaria de los bancos haciendo énfasis sobre lo bueno que es tener tarjetas de crédito, lo bueno y lo necesario e indispensable, en fin simplemente lo vital del asunto. Los días se fueron en esta poco estéril pero ambigua presentación de argumentos entre la Asamblea, los bancos y la sociedad civil.
Entonces me hice esta pregunta: ¿Necesitamos tarjetas de crédito?; y me contesté así: Si. Pero no son indispensables.
Cuando se compra con tarjetas de crédito el costo de ese préstamos (si, porque es un préstamo nada distinto al resto) no se ve reflejado hasta el final de mes y se diluye en los meses siguientes. Así aunque se abone una cantidad “significativa” los intereses continúan y van acumulándose. A menos que se pague el saldo de contado, las tarjetas de crédito mal utilizadas son un lazo al cuello.
Es cierto, las emergencias no avisan y obviamente a veces es necesario comprar medicinas, pagar repuestos del carro, etc., sin embargo, no son las tarjetas de crédito el único medio para solventar las emergencias; de hecho son el medio más caro para el tarjetahabiente. Existe algo que se llama ahorro (¿le suena el concepto?), y que no es más que el guardo del ingreso para las emergencias, inversiones o gastos futuros.
El ahorro es una cultura. La educación financiera debería ser tan importante como lo es la educación sexual o la educación en informática. El ahorro conlleva a un buen uso de los recursos para cubrir las necesidades (principio económico), y permite también la reducción de salidas de dinero a comparación de lo que se paga con las tarjetas de crédito.
Entiendo que las tarjetas de crédito son un medio rápido para salir de los apuros, si es cierto. Pero el costo es altísimo. Administrar el dinero, ver a largo plazo y generar la confianza en Dios para pensar que no se vivirán emergencias es una buena forma de empezar…
Cultura de ahorro, a mi parecer esa es la resolución a la discusión poco estéril pero ambigua… lástima que no me estén preguntando.